Cerca de 250 personas pudieron disfrutar de una nueva edición de la Feria de Abril casinista.
No faltaron los ingredientes habituales que caracterizan esta fiesta. Decoración, música, baile, gastronomía, bebida… y por supuesto lo más importante -que pusieron los asistentes-, entusiasmo y ganas de pasarlo bien.

Las damas, la mayoría vestidas de flamencas, clásicas o siguiendo las sugerencias de la moda de este año, que al parecer apunta “la combinación de tres colores, moño de bailarina con el cabello muy pulido y ha vuelto el ponerse solo una flor y muy grande”, tal y como nos explicó una socia que siempre nos asesora de las pautas más actuales. A ello hay que añadir “los mantoncillos bordados de Cantillana y el enflecado hecho a mano”, nos añadió una amiga. “¡Ah!, y por supuesto con zapatos de tacón -porque las alpargatas son para el Rocío-“, añadió nuestra asesora. Eso sin detrimento de quienes apuestan por las opciones más clásicas que por supuesto son igualmente válidas. En cualquier caso se mantienen los pendientes de flamenca y una medallita de la virgen. De todos los caballeros solo dos se animaron a hacer lo propio, aunque algunos sí lucieron un clavel rojo en la solapa que siempre aporta un toque de intenso color.

Lo primero, nada más llegar, fue cargar las baterías para toda la noche, con olivas, gildas, tortillitas de camarón, gazpacho al aove, fritura con los pescaítos habituales (calamar, boquerón al limón, bacalao Orly, bienmesabe, chanquete y camarón pipa), y de dulce, una creación especial para la ocasión, “Aromas de Sevilla” (torrija con vainilla, azahar y crema de canela y matalahúva). Por supuesto, no podía faltar el ya clásico jamón etiqueta negra, cien por cien ibérico, de bellota, y de cuatro años. Todo ello regado con rebujito, fino o la bebida de libre elección.
El grupo Brisas del Guadiana junto con un DJ amenizaron la velada para que no faltara música ni un solo minuto.


En el Salón Alcalá estaba el photocall que este año reproducía un colorido y floral patio al que se añadieron, para dar profundidad, unos toneles y una guitarra de attrezzo que alguna socia hizo sonar unos acordes. “Es que hace tanto que casi ni me acuerdo”, comentaba sonriendo a sus amigas.

Un momento especialmente simpático, fue el posado de “las chicas flamencas”. La idea era que salieran todas las que lo desearan, pero el espacio no daba más de sí y se quedó pequeño. “Nos queda la escalera”, sugirió Daniel (el fotógrafo del Real Casino de Madrid), y hacia ella se encaminaron animadas y entre risas se fueron colocando, pero en el pasillo se quedaban muchas sin salir, así que lo solucionamos haciendo dos fotos de grupo y aquí mostramos todas.


“Ha sido divertidísimo. Entre colocarnos y descolocarnos no hemos parado de reír; lo hemos pasado genial”, nos dijeron. Aquí pueden verlas, tan guapas, elegantes y sonrientes todas.
A las doce, como manda la tradición, y con la luz muy bajita -Yolanda, la profesora de sevillanas, estaba pendiente de ello-, llegó el momento más emocionante y participativo de la noche, la “Salve rociera”.
Después de la Salve ya se retiraron algunas parejas, pero la mayoría aprovechó y lo hizo más cerca de las dos, o ya bien pasadas. Una última foto en la escalera como recuerdo de la fiesta y hasta la siguiente celebración que es San Isidro y está a la vuelta de la esquina.