Los días 11 y 12 de julio y con la participación de medio millar de socios.
El sábado 11 y el domingo 12 de julio se celebraban en la terraza del Real Casino de Madrid sendas ediciones de la fiesta que anuncia la llegada del verano a nuestra Institución: la Fiesta de la Luna. La propuesta es inmejorable: un escenario único, una magnífica cena, la mejor música, actuaciones sorprendentes y, lo mejor de todo, un ambiente inigualable.

A las 20.30 h. todo estaba listo y preparado; se abrían las puertas y los socios acudían con rapidez a ocupar sus asientos. Los cocteleros acrobáticos, una de las atracciones de la noche, comenzaban su exhibición y el músico Agustín Sánchez Rubio (flautista de carrera, máster en el conservatorio de Maastricht) entonaba las primeras notas de una selección de grandes clásicos para recibir a los invitados. Comenzaban también los posados en el photocall (una gran luna que asomaba tras la terraza acristalada), y los primeros maquillajes (dos maquilladoras profesionales realizaban fantásticas creaciones “a tono” con la velada, en una zona que simulaba un camerino profesional).

La cena comenzó pronto para que así hubiera más margen para la música y el baile. Además de los habituales puestos de jamón ibérico, quesos, paella, arroz negro y fideuá, se sirvió un cóctel compuesto por: Palos de parmesano, Pistacho y avellanas en tempura, Gilda con vermut, Salmorejo al perfume de aove, Pan de queso con nube de parmesano, Samosa de verduras con curry rojo, Maki de langostino y aguacate con caramelo de soja, Brocheta de pollo con salsa korma, Gofre de patata con brie y setas, Espárrago en tempura, Brioche de papada, Mini de burguer de ternera con chimichurri, Croquetas melosas de jamón ibérico, Sardina con tomate al romero, Hojaldre de tomate y calabacín, Gyozas de pato y boletus, Crujiente de huevo con velo ibérico, y Brocheta de presa con jugo de carne reducido. De postre, las habituales “locuras del Casino” y, por supuesto, tras empezar la música, el carrito de chuches y donuts que siempre hace las delicias (nunca mejor dicho) de todos los invitados.

La cena estuvo amenizada por la música en directo de flauta travesera, y por la magia de cerca del mago Óscar, que fue mesa por mesa asombrando a los socios con sus trucos.
Siguiendo lo planificado, pasadas las diez de la noche comenzaba la música disco, a cargo de un DJ. La luna, menguante esos días, aparecía tímidamente y los focos iluminaban los detalles arquitectónicos de la terraza del Casino, mientras que en la pared libre (que separa el edificio casinista del hotel adyacente) se proyectaba una inmensa luna llena. A todos los invitados se les había entregado al acceder a la terraza un “bastón” de luz que, al llegar la oscuridad y el momento del baile, se convirtió en un divertido complemento de los looks blancos de los invitados.

No faltaron las sorpresas que este año tuvieron la forma de un unicornio que iba acompañado por un personaje que parecía salido de un cuento. Ambos desfilaron entre la gente y posaron para las fotos que quedan de recuerdo de la noche.

Cuando faltaban cinco minutos para las 12 de la noche, llegó el momento de la actuación desde el Torreón de la terraza; un momento álgido que los invitados esperan con emoción y que gira en torno a un tema musical que este año fue el conocido “Viva la vida” de Coldplay. Unicornio, zancudo y flautista fueron los protagonistas del momento, enmarcados por el fuego frío que lo rodeaban y los aplausos de todos los asistentes.

Con la intención de cumplir las normativas municipales sobre contaminación acústica, a las 12 de la noche la música se bajaba a mínimos en la terraza exterior, donde los invitados pudieron seguir disfrutando de la tertulia y de la barra libre. Mientras, en el interior, seguía la música en el privado de la terraza que, por unas horas, se convirtió en una auténtica discoteca en la que muchos de los socios siguieron el baile hasta bien entrada la madrugada.
